Es habitual dar por vacío un tubo de crema o una botella de producto mucho antes de que realmente lo esté, simplemente porque ya no sale nada al apretar de la forma habitual. En muchos casos queda todavía una cantidad considerable pegada a las paredes internas del envase.
Cortar el tubo por la parte de atrás, una vez que ya no sale nada apretando, permite acceder directamente al contenido restante, que suele ser suficiente para varios usos más antes de tirarlo definitivamente a la basura.
Las botellas necesitan otro enfoque Con las botellas de plástico más rígidas, colocarlas boca abajo durante un rato antes de usarlas concentra el producto restante hacia la abertura, facilitando que salga con normalidad en los últimos usos sin necesidad de forzar nada.
Añadir una pequeña cantidad de agua dentro de una botella casi vacía, agitarla suavemente y usar esa mezcla diluida es otra forma habitual de aprovechar los restos, especialmente en productos de limpieza donde una dilución ligera no supone ningún problema para su función.
Estas pequeñas costumbres, aunque parezcan insignificantes por separado, suman con el tiempo una cantidad notable de producto aprovechado que de otra forma habría terminado en la basura sin haberse usado realmente.
Guardar los envases casi vacíos boca abajo desde el principio, en lugar de esperar a que estén prácticamente terminados, facilita mucho aprovechar el contenido de forma natural sin necesidad de recurrir después a trucos adicionales para sacar los últimos restos.
Muchos envases de cocina, como los de salsas o condimentos, se benefician especialmente de este hábito, ya que su contenido suele ser más espeso y tiende a quedarse pegado en mayor cantidad a las paredes internas que otros productos más líquidos. Adoptar esta costumbre desde el primer uso evita tener que recurrir después a trucos adicionales para aprovechar los últimos restos que de otro modo se desperdiciarían sin remedio.